Cuando me quedé embarazada de mi hija mayor, iba a nadar un par o tres de días por semana. Como mi embarazo no era de riesgo pude seguir yendo a la piscina con regularidad.
Iba a nadar y hacía las piscinas que podía, a mi ritmo. Dentro del agua no me dolía nada, no me pesaba la barriga, era una gozada.

Además era la mimada de la piscina. Al ser la única embarazada que iba a nadar a esa hora, todas las señoras mayores querían decirme cositas, se acercaban, me sonreían…
Yo tenía mucha barriga, y se me empezaba a hacer cuesta arriba algunos días ir a nadar. Así que con mi embarazo bastante avanzado, decidí dejar de nadar. Pero no de meterme en el agua!
Este club tiene una piscina enorme en el piso de arriba, que no cubre, a mi me llega el agua por los hombros más o menos. Y tiene chorros y cascadas de agua. Así que allí me iba.
Me sumergía en el agua y me dejaba flotar. Me relajaba muchísimo. Me mimaba con los chorros de agua.
Y leí en una revista de embarazo unos ejercicios para hacer y yo los trasladé a la piscina.
Me apoyaba en un banco dentro del agua, levantaba una pierna y hacía movimientos rotatorios, primero con toda la pierna. Después solo con el tobillo.
Realizaba ejercicios rotatorios de pelvis y cadera.
Y cuando me cansaba me volvía a dejar flotar para relajarme.
Durante el embarazo, nadar y hacer ejercicios dentro del agua tiene un montón de propiedades.
La columna y las articulaciones se relajan para una mayor flexibilidad.
Fomenta la relajación muscular y aleja el estrés.
Alivia molestias digestivas y el estreñimiento.
Ayuda a prevenir las varices, el hinchazón en los tobillos y los calambres, ya que estamos mejorando la circulación sanguínea.
Además tonificamos los músculos que se utilizan en el parto, pudiendo facilitar el trabajo de parto.
A mi, personalmente, me fue muy bien. Salía de la piscina relajada y sin dolores.
Tuve un parto bueno. Dilaté a buen ritmo. Iba muy preparada emocionalmente. Y estaba relajada. Y en un par de horas mi hija había nacido.
Cuando hicimos natación con bebés en esa misma piscina, la monitora me preguntó por mi parto, y le dije que me había ido genial. Me dijo que me recordaba de haberme visto, embarazada, haciendo ejercicios, y que estaba segura que eso me había ayudado a tener un mejor trabajo de parto.
Así que si estás embarazada, y puedes, te recomiendo una piscina. Tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.
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