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ELEGIR EL COLEGIO PERFECTO

Foto del escritor: mamatribudoulamamatribudoula

La búsqueda del colegio perfecto para nuestros hijos es algo que a todos nos trae de cabeza. Estos días en que están saliendo publicadas las listas me acuerdo de cuando nos tocó a nosotros lidiar con este tema. Me pasé días inquieta, dándole vueltas, noches sin dormir… fue un agobio total. Os cuento.

Llegado el momento de empezar a buscar, decidimos ir a visitar diferentes colegios. El primero fue en el que yo había estudiado. La verdad es que habían hecho un montón de reformas y habían renovado el personal docente. Pero había una pega, no nos cogía cerca de casa. El problema no eran sólo los puntos, era que debíamos contar con los abuelos para ir a buscar a la niña a mediodia y volver a llevarla después de comer, y era complicado. Así que lo dejamos un poco en stand by.

El segundo colegio que fií a ver, me gustó mucho. Tanto, que decidimos que ese sería nuestra primera opción. Es un colegio pequeño, muy familiar. Y lo que nos explicaron en la jornada de puertas abiertas me convenció.

Como hay que poner otros colegios en la lista, fuí a ver otros dos. Una concertado al igual que el que me gustó desde un principio, y otro público que me queda cerca de casa.

Como no tenía ni idea de como iban estas cosas, ilusa de mi, me creí que si no entraba en el colegio que poníamos de primera opción, entraría en el de segunda opción, y si en este tampoco, entraría en nuestra tercera opción. Pero se ve que no es así.

En el colegio que habíamos escogido entregamos toda la documentación.

Tocaba esperar.

El día que se publicaron las listas provisionales en internet fui como loca a consultarlas, y cuando vi el colegio que nos habían asignado se me cayó el alma a los pies. No solo no era ninguno de los que yo había puesto en la lista, sino que me mandaban a la niña a un colegio en un barrio marginal, con muy mala fama.

Ese mediodía me fui a buscar a la niña la guardería, y claro, era el tema de conversación del día. Y una mamá me dijo que ella era maestra en el colegio que nos había tocado, y que no lo querría ella para su hija. Eso me acabó de hundir.

Al día siguiente me fui a la oficina del ayuntamiento que lleva el tema de educación. había una cola tremenda, todos padres que íbamos a reclamar. Decidida a cambiar a mi hija de colegio, me senté a esperar mi turno.

Después de varias horas me tocó el turno. La funcionaria que me atendió tan sólo me dio un folio para rellenar sin darme ninguna respuesta a mis preguntas. Entregué el formulario y allí acabó todo, nunca más se supo de esa oficina del ayuntamiento.

De todas maneras, como ya de por si, no me inspiraron mucha confianza, decidí seguir mi lucha.

Esta vez pedí cita con una inspectora del departamento de educación de la Generalitat. Fui muy esperanzada y lo único que me encontré fue otro jarro de agua fría. Una mujer altiva y antipática que de malas maneras me acusaba de tener prejuicios contra la enseñanza pública. Y no es así. Le respondí que, como madre, tengo todo el derecho del mundo de escoger en que colegio quiero que estudie mi hija.

Sacó una lista de colegios de la ciudad dónde habían quedado plazas libres. De todos los que me ofreció tuve que coger plaza en el menos malo. No tenía otra opción, o el que me habían asignado primero o alguno de los que ella me ofrecía, a cada cuál peor.

Toda esa situación me angustiaba muchísimo, y me costaba dormir por las noches, dando vueltas y buscando posibles soluciones.

Me fui al colegio que habíamos escogido como primera opción. Mi hija había quedado fuera de las listas provisionales, y la primera en la lista de espera.

Iba a recoger toda la documentación para entregarla en el colegio al que íbamos a llevarla. Y la secretaria al contarle lo que había pasado me dijo: y vas a rendirte?

Ella misma me dio un par de ideas.

Así que me fui a casa y redacté una carta dirigiéndome al director del colegio, explicándole la situación y manifestando nuestro deseo de que nuestra hija estudiara en su colegio. Así mismo le solicitaba formalmente la ampliación de ratio de una plaza para que mi hija entrara.

La llevé al colegio para entregarla al director.

La secretaria me dijo que el día que se cerrara el plazo para formalizar la plaza me llamaría en seguida por si quedaba alguna plaza libre.

Ese día estaba de los nervios.

A las seis de la tarda finalizó el plazo de matriculación. Y a los pocos minutos me llamó la secretaria para contarme que un niño no se había matriculado y que nuestra hija entraba automáticamente. No sabéis la gran alegría que me llevé. Por fin podía respirar tranquila.

Días después supe por una persona que trabaja en el departamento con la inspectora “simpática” que de no haber quedado la plaza libre, la niña habría entrado igualmente porque se había formalizado la ampliación de ratio.

Realmente la búsqueda del colegio perfecto es un gran dolor de cabeza. Son días de muchos nervios. Pero lo conseguimos.

Y no me arrepiento para nada, mi hija lleva seis años ya en el colegio y estamos encantados.

Lo más injusto es que después supe de unos padres que hicieron trampa, y aún viviendo en otra ciudad se empadronaron en casa de los abuelos para tener los puntos necesarios. Y estas cosas me indignan mucho y más cuando, como es mi caso, sigo las normas a rajatabla.

 
 
 

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