HOY HACE DIEZ AÑOS, ME CONVERTISTE EN MADRE
- mamatribudoula
- 5 abr 2018
- 3 Min. de lectura
Hoy hace diez años, me convertiste en madre.
Hoy hace diez años que llegaste a nuestras vidas y nos hiciste un maravilloso regalo, ser padres.
Recuerdo perfectamente esa madrugada, al romper aguas, y empezar a prepararme, feliz y tranquila, porque sabía que el gran momento había llegado.
Recuerdo esperando el taxi mientras me comía unas galletas de chocolate. Y de camino al hospital, cogidos de la mano, empezar a notar las primeras contracciones.
Recuerdo el dolor de las contracciones, cada vez más intenso, cada vez más desgarrador.
Recuerdo lo mal que lo pasé al ponerme la epidural, y el abrazo cariñoso y las palabras de aliento del enfermero mientras me pinchaban.
Recuerdo estar tumbada, relajada, y el papá leyéndome el periodico, comentando la F1.
Recuerdo sentir, de golpe, una presión muy bestia y unas ganas locas de empujar, y la carrera de la comadrona a buscar al papá que había ido a por café, porque sino se lo perdía.
Recuerdo los empujones, y la sensación que sentí cuando saliste.
En ese mismo momento en que te vi por primera vez, en que te tuve encima mío, me enamoré de ti. Una cascada de amor me recorrió todo el cuerpo. Me sentía inmensamente feliz.

Y así, como quién no quiere la cosa, cuando pasen unos minutos de las diez de la mañana, hará diez años de nuestra primera cita.
Desde ese día nuestras vidas han dado un giro. Ya nada ha sido igual. Ya no se como pude vivir hasta ese momento sin ti.
Ahora mismo se agolpan en mi cabeza miles de recuerdos. Y me emociono. Por tantos momentos que nos has hecho reír, por tantos abrazos, por tanto amor.
Emma, me gusta llamarte como en una canción de Antonio Flores, mi Flor de Abril, la flor que siempre quise en mi jardín.
Es cierto que a veces la maternidad tiene momentos duros. Mi hija tiene mucho carácter y una personalidad muy marcada, sus altas capacidades, su alto grado de frustración cuando algo no le sale bien, su alto grado de exigencia con sigo misma, no siempre nos lo ponen fácil. Es una batalla diaria, un aprendizaje continuo, un camino que nunca acaba.
Pero que te da tantas satisfacciones que lo compensa con creces.
Emma es una niña maravillosa, intensa, honesta, cariñosa, sensible.
Es una hermana mayor responsable y cariñosa, que chincha a su hermana y se pelean, lógico. Pero que corre a abrazarla y calmarla cuando la peque llora por algo.
Es una niña orgullosa de sus padres, que nos hace chapas y diplomas, nos deja notas, al mejor papá runner, a la mejor mamá bloguera.
Es una persona muy especial desde pequeña, que con tres años me vio llorando porque acabábamos de perder un bebé, y me dijo que iba a ir al supermercado a comprar otro bebé para ponérmelo en la barriga y así ya no llorase más. Que con siete años, se sentó junto a su abuelo al que le quedaban pocos días, y le dijo: abuelo, tengo tantas cosas que decirte y nos queda tan poco tiempo.
Es la que gritó de alegría al saber que su hermana acababa de nacer.
La que con cualquier trozo de cartón te hace una manualidad.
La que le encanta buscar en youtube videos sobre cosas que le despiertan curiosidad, el Titanic, Chernobyl, peces que viven en las profundidades.
Emma me ha enseñado cada día cosas nuevas, con ella he ido aprendiendo de este camino que se llama maternidad. Con el que llevamos diez años ya.
Pienso en todo lo que llevamos recorrido, en tantas anécdotas, en viajes, en nuestras charlas, en nuestras discusiones, y no deja de sorprenderme cada día.
Hemos pasado momentos difíciles en que las dos hemos sufrido y nos hemos sentido distantes, porque cada una ha vivido el dolor a su manera. Pero siempre volvemos la una a la otra.
Hace diez años que ilumina mi vida con su luz. Y este post es un pequeño homenaje a ella, que con diez años, es tan grande. A ella que lo es todo para mi.
Emma, mi Flor de Abril, la flor que siempre quise en mi jardín.
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