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MI CONCILIACIÓN LABORAL Y FAMILIAR

Foto del escritor: mamatribudoulamamatribudoula

Conciliar la vida laboral y familiar es algo que sabemos que existe, en algún sitio, pero pocos tienen la suerte de disfrutar de ella.

Creo que el deseo de todo padre y madre es poder adaptar su jornada laboral a las necesidades de sus hijos. Pero por desgracia hay muy pocas empresas que te faciliten esa tarea. Al contrario, en muchas todo son trabas, malas caras si faltas, horarios incompatibles con los de nuestros hijos, un horror.

Es muy difícil ocuparte de tus hijos si sales de trabajar a las diez de la noche, como en los centro comerciales. Si trabajas todo el fin de semana. Si tu empresa no te permite coger días de asuntos personales aunque te los marque el convenio, etc.

Voy a contar nuestro caso.

En el caso del padre de mis hijas la conciliación es nula. Tiene un horario que no le permite ni llevar ni recoger a las niñas al colegio, ni comer con ellas. No puede cogerse un rato de fiesta para llevarlas al médico, ni plegar antes porque se hayan puesto malas. No puede venir a reuniones del colegio, ni a los festivales de navidad o fin de curso. Se va a trabajar cuando las niñas duermen y vuelve cuando es la hora de los baños y las cenas.

Se pierde muchas cosas de sus hijas, pero está atado de pies y manos. Si su jefe fuera un poco más flexible (y más humano) él podría gozar mucho más de su papel de padre.

Respecto a mi, soy bastante afortunada. Tengo un jefe que, ante todo, es persona. Tengo, dentro de mi horario, flexibilidad. He cambiado de horario varias veces en estos años, siempre adaptándome a las necesidades de mis hijas.

Si se ponen malas o tienen médico, puedo plegar sin problema. Si necesito entrar antes para plegar a mediodía lo hago. En fin, que me da muchas facilidades.

Eso no quita que tengo que cumplir mis ocho horas laborables en la oficina, ya que mi trabajo no permite hacerlo desde casa, pero sería genial.

Cuando finalizó mi baja maternal, y me reincorporé al trabajo, mis hijas, en los dos casos, tenían alrededor de cinco meses y medio. Y me acogí a una reducción de jornada, con la consecuente reducción salarial. Por lo que, ante la necesidad de cobrar mi sueldo íntegro, a los pocos meses, y una vez adaptados todos a la nueva situación, volví a mi jornada de ocho horas.

En esa época los abuelos jugaron un papel importante, igual que lo siguen haciendo a día de hoy. Sin ellos todo esto hubiera sido mucho más complicado y más costoso.

Después llega ese día en que decides que tienen que ir a la guardería, porque los abuelos son mayores y ellas dan mucha guerra. Y como en este país las ayudas son nulas, nos toca, una vez más, apretarnos el cinturón. Conciliación también es facilitar el acceso a guarderías que no dejaran nuestra economía tiritando.

Por suerte para nosotros he podido ir adaptando mi horario de trabajo de manera que puedo llevarlas al colegio por las mañanas y recogerlas por las tardes. El único momento en que no estoy con ellas es a mediodía, pero como ya he dicho antes, de eso se encargan los abuelos, siempre al pie del cañón.

La conciliación no es sólo labora, también lo es en casa, con las tareas, los ratos de ocio, el espacio para uno mismo…

Que es eso de que el marido me ayuda? Odio esta frase!

Te ayuda cuando se trata de hacer algo que es exclusivamente tuyo. Las tareas del hogar no lo son, son cosa de los dos. Limpiar, cocinar, baños de los niños, deberes, parque…todo entra dentro de las obligaciones de los dos, y como tal, hay que compartirlas. Adaptándonos al horario de cada uno.

En casa hacemos las cosas así, a medias. Eso nos permite que cada uno tengamos nuestro propio espacio, para hacer deporte él, o leer y escribir yo.

Nosotros tenemos una serie de tareas asignadas, adaptadas al horario de cada uno. Nos organizamos bastante bien. Los domingos por la tarde, mi pareja prepara los bocadillos de toda la semana y los congela. Y cada mañana cuando se levanta los saca del congelador. Esto me permite un poco más de tiempo por las mañanas que pueden ser un poco caóticas. Por las tardes, como él trabaja, yo estoy con las niñas. Y ayudo a la mayor con sus deberes. Y cuando él llega, si tengo ganas, yo salgo a hacer un poco de deporte y las niñas se quedan con su padre. Ese rato, él avanza faena, prepara la mesa, se encarga del baño de la pequeña, lo que haga falta. La cena es cosa mía. Y después de cenar, él se ocupa de recoger toda la cocina mientras yo preparo a la peque para ir a dormir, ya que a esa hora es cuando suele ponerse quejica y llorosa porque está cansada y reclama a mamá. Y si todo sale redondo, cuando las niñas se han dormido y lo tenemos todo recogido, aún tenemos un rato para nosotros dos solos, que tan necesario es.

Es cuestión de organizarse y complementarse. El fin de semana que estamos los dos en casa, lo mismo, miramos que hay que hacer y uno empieza por un lado y el otro por el otro, y así después tenemos tiempo para dedicar a nuestras hijas, a nosotros, al ocio, etc.

No me entra en la cabeza que ha día de hoy aún haya tantas parejas en las que la mujer es la que se carga con todo el peso de la casa y los niños, además de trabajar fuera de casa también, y que el marido sólo caliente el sofá.

Hay mucho que hacer en este tema, mucho camino por recorrer. Hay que empezar por cambiar la mentalidad de que la mujer es la que tiene que poder con todo. Nuestra obligación, como padres, es enseñar a nuestros hijos en la igualdad, para romper tanto estereotipo machista, demasiado arraigado aún en nuestra sociedad.

Todos tenemos mucho que aportar. La rueda del cambio ha empezado a girar, pero hay que darle con más fuerza. Para que el cambio sea real, y no paremos de avanzar.

Por una conciliación real con el trabajo, en casa y siempre.

 
 
 

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