MI ENEMIGA, LA ANSIEDAD ( O COMO SALÍ DEL POZO)
- mamatribudoula
- 12 jul 2017
- 4 Min. de lectura
Esto no es un cuento, es mi realidad.

Una mañana, como otra cualquiera, en la que nada hacía pensar que pudiera ser diferente a las demás, iba en el autobús al trabajo.
De repente me empecé a poner muy nerviosa, el corazón me latía con fuerza, y sentí miedo. Tenía que bajarme del autobús ya. Sin pensármelo dos veces, me bajé, sabiendo que me quedaban dos paradas y un trozo por carretera para llegar al centro comercial donde trabajaba.
En cuanto me bajé y note el aire frío de la mañana en la cara, me sentí mejor. Pensé que quizás había sido una bajada de tensión.
A partir de ese día mi vida ya no volvió a ser igual. Pensareis que quizás soy un tanto dramática, pero os aseguro que no.
Ese malestar continuo se apoderó de mi, día a día. Estaba con el corazón acelerado todo el día, me encontraba como mareada, y empecé a sentir miedo, mucho miedo. Cada vez me encerraba más en mi circulo de seguridad. Y ese circulo se estrechaba a mi alrededor.
Mis días se cubrían de una neblina negra, todo era negativo.
Así que decidí buscar ayuda.
Encontré una psicóloga majísima. Que rápidamente me hizo sentirme cómoda con ella, y libre de explicarle mis sentimientos, mis miedos, todo.
Empecé a ir un día a la semana. Pero yo cada vez me sentía peor. Cada vez hacía menos cosas. Todo me daba pánico. Me veía incapaz de vivir mi vida de forma normal. No era capaz de conducir, ni de ir en el autobús, en el trabajo me sentía perdida y sola, había dejado hasta de pasear por el centro comercial en el que trabajaba porque me daba miedo marearme o morirme.
Llegó un momento en que me vine abajo, y desee morirme porque no quería seguir viviendo así.
Mientras tanto seguía mi terapia. Ya teníamos un diagnostico, crisis de ansiedad con agorafobia.
Cuando alguien no entiende lo que me pasaba siempre le digo lo mismo, que vean la película COPYCAT, y lo entenderán.
La psicóloga empezó a ponerme “deberes”. No valía un NO por respuesta, sino un LO VOY A INTENTAR. Ese era un primer paso. Ella me obligó a dar cientos de primeros pasos. En algunos avanzaba, en otros volvía a caerme otra vez.
Mi vida era una angustia constante.
Mientras, yo seguía estudiando, e incluso cambié de trabajo.
Estaba mejor, pero seguía con una vida muy limitada. Había veces en que la ansiedad se apoderaba de mi por completo, y sentía que me iba a dar un paro cardíaco y no iba a salir de esa. Lógicamente, ni te da un paro, ni te mueres, pero es como yo me sentía.
Tuve que memorizarme una especie de mantra, unas pautas que debía repetirme mentalmente cuando el pánico se apoderaba de mi. Entonces cerraba los ojos y luchaba a muerte contra mis miedos, hasta que conseguía relajarme.
Aprender a relajarme es otra cosa que me enseñó la psicóloga, y es algo que he seguido utilizando desde entonces.
Un día decidí acudir a una reunión, era una terapia de grupo, con gente que tenía ansiedad, depresiones, ataques de pánico, etc
Esa reunión me marcó profundamente. Y salí de allí con la fuerte convicción de que yo no iba a ser como ellos, no pensaba conformarme con esta vida, no pensaba aceptar que es así como iba a vivir siempre, y no pensaba estar tomando ansiolíticos toda mi vida.
Con la ayuda de un médico naturopata que estaba en constante contacto con mi psicóloga, logré dejar la medicación. Gracias a la acupuntura, y al rescate de las flores de Bach. Habrá quién diga que estas cosas no sirven para nada, pero a mi, en ese momento, el convencerme de que si servían, me ayudó y mucho.
Poco a poco mi vida iba tomando otro color, aunque aún me quedaba mucho camino por recorrer.
Entonces conocí al que es mi pareja que me ayudó mucho. Me obligó a enfrentarme a muchos de mis miedos, por la fuerza, no valía ser benevolente conmigo. Cuando tienes este problema intentas manipular a todo el mundo para que nada perturbe tu “paz” y seguir escondiéndote del mundo. Así no tienes que enfrentarte a nada.
Y poco a poco fui saliendo del hoyo. Saqué ese valor que tenía escondido no se donde, y fui cambiando mi vida. Era yo quién debía controlar mi mente, no dejar que ella me controlara a mi.
Desde entonces he superado muchos miedos. He volado en avión varias veces, voy en coche a todas partes, y sola. He tenido a mis hijas, he perdido a mi padre, y en todo he conseguido sacar la fuerza suficiente para no volver a caer.
El camino aún no se ha acabado, todavía me quedan cosas por pulir, pero se que lo conseguiré.
La ansiedad, el pánico, la agorafobia, han sido mis compañeros de viaje durante demasiado tiempo. Pero con fuerza, y con gente a tu alrededor que te quiere y te ayuda, se logra desprenderte de esa pesada carga.
Ahora me siento que puedo VIVIR, así, con mayúsculas.
Obviamente este relato, es muy resumido, pero me apetecía poder hablar sobre ello abiertamente, por si le sirve de ayuda a alguien.
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