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EL DUELO

Foto del escritor: mamatribudoulamamatribudoula

He leído que el duelo por la pérdida de un ser querido pasa por diferentes fases. La de la negación, la del enfado o ira, la del dolor emocional o depresión, y finalmente la aceptación.

No se si reslmente se debe pasar por todas ellas en ese orden, porque cada persona es diferente.


Yo misma me pongo de ejemplo.

Hoy hace dos años y siete meses que murió mi padre. Y mis sentimientos bailan de una fase a otra sin ningún orden.

Esta mañana iba en el coche hacia el trabajo, inmersa en la locura de coches de todos los días. Escuchaba la radio y sonaba Texas.

Y así de golpe, sin que viniera a cuento, un dolor inmenso me ha atravesado el alma, y la tristeza se ha apoderado de mi sin que pudiera hacer nada por controlarlo.

Tenía ganas de llorar.

Pienso en él y, a pesar del tiempo pasado, aún no me creo que ya no esté. Su ausencia me pesa mucho y es un lastre para mi mochila.

La tristeza me invade y me siento vacía. Me vienen a la cabeza mil imagenes, mil momentos, mil recuerdos.

A ratos paso a la fase del enfado. Y me enfurezco con él por no haberse cuidado, por no dejar de fumar a pesar de las advertencias. Y me dan ganas de golpear algo muy fuerte para ver si puedo sacar toda la rabia que llevo dentro.

De la rabia, vuelvo s la inmensa tristeza. Y de allí vuelvo a preguntarme como es posible que ya no esté.

Claro que acepto lo que ha pasado. Acepto que enfermó de cáncer y que se fue para siempre. Acepto que ya no está con nosotros. Acepto que nunca más me abrazará, ni me regañará por correr tanto con el coche, ni discutiremos de política. Acepto que no verá a su nieta Emma hacerse una señorita, ni que no vió nacer a la peque que venía en camino.

Acepto las cosas como vienen, aunque me enfade, aunque me entristezca.

Es cierto, por suerte, que no todos los días son así.

La mayoría de los días le recuerdo y sonrío. Soy quién soy, en parte, gracias a él. Y me quedo con los buenos recuerdos. Los que me hacen feliz.

Los malos los enterré en el fondo de mi mar.

Mi vida, mi gente, mis hijas, mi pareja, mis amigos, mi trabajo, mis aficiones, me llenan la vida de buenos momentos.

Pero hay días, como hoy, en que todas las fases del duelo se agolpan dentro de mi, en una amalgama de sentimientos que me impiden avanzar. Hay días en que el duelo pesa. En que le echo especialmente de menos. Días en que me fustro porque el dolor puede conmigo y no puedo permitirlo.

Por suerte, estos días pasan, y los nubarrones se van y vuelve a lucir el sol.

 
 
 

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