Pues si. Y lo digo alto y claro, y en mayúsculas, NECESITO AYUDA!
No es que yo solita haya llegado a esta terrible conclusión, es que me han tenido que abrir los ojos. Porque yo, evidentemente, he negado esta realidad durante demasiado tiempo.
He creído que yo sola podría con todo. Pero esta claro que no.

Estoy marchita por dentro, como los campos de flores primaverales de Machado. Y es que el dolor me ha ido haciendo una herida tan profunda que cuando he visto la realidad he tenido que aceptar que sola no lograré curarme.
Todo empieza con mi lucha por ser madre. Mis abortos. Esa época fue realmente dura para mi. Y ya entonces se me recomendó pedir ayuda profesional, pero me negué.
Al final llegó el embarazo de mi hija pequeña, que a pesar de que iba todo bien, a mi me tenía desquiciada psicológicamente, por los miles de miedos que se negaban a dejarme en paz.
Y la bomba llegó con la enfermedad de mi padre.
De golpe y porrazo me sueltan que tiene un cáncer fulminante y no le dan más de tres meses de vida. No verá nacer a mi hija.
No llegó a tres. A los dos meses justos, mi padre falleció. Dejándome coja de por vida. Dejándome un vacío inmenso, y un dolor que aún hoy, casi tres años después, no se como asimilar.
Pero claro, estaba embarazada de seis meses. Y debía centrarme en mi y en mi bebé porque empecé a tener contracciones. La comadrona me dijo que por mi padre ya no podía hacer nada, pero si por mi bebé.
Así que eché todo mi dolor a un lado para sobrellevar lo que me quedaba de embarazo.
El día que nació mi hija lloré. Lloré mucho! De inmensa alegría porque por fin, tras cuatro pérdidas, tenía a mi ansiada hija sobre mi pecho. Sana, perfecta y maravillosa.
Y lloré de dolor. De tristeza. Porque mi padre no estaba en la sala de espera, no estaba en mi vida, y el dolor me salía a borbotones sin que pudiera controlarme.
A partir de ese día, de hace casi tres años. Mi caída ha sido en picado. Cuando pensaba que había tocado fondo, y que todo mejoraría, volvía a caer. Y seguía cayendo sin parar.
Todo lo que sale de dentro de mi es marchito, es negativo. Y es lo que proyecto.
No puedo engañar a nadie, y mucho menos a mi misma. Sola no he podido sobrellevar todo esto, y me ha sobrepasado de una manera brutal.
Me estoy destruyendo a mi misma. Y estoy dañando a quién está a mi alrededor.
Les grito a mis hijas cuando ni se lo merecen, y después me siento una madre de mierda, ruin.
Quiero que mis hijas me vean feliz y no siempre enfadada con el mundo. Porque nadie tiene la culpa de lo que ha pasado. Nadie.
Y por muy cabreada que me sienta, nada ni nadie me devolverá a mi padre.
La vida sigue, el mundo no se para, y yo necesito fuerza para volver a subirme y seguir con mi vida.
Que alguien te abra los ojos y te muestra la puta realidad es muy jodido. Porque debes aceptar que lo que te está mostrando es lo real y no lo que yo me creía dentro de mi burbuja de seguridad.
Pero una vez has pasado este punto, y acepto que necesito ayuda, no puedo quedarme parada.
Así que debo empezar a caminar.
Se que no será un camino fácil porque debo mirar muy dentro de mi, y sanar y aceptar ciertas cosas. Si no las acepto tal y como son, no podré avanzar.
Además si quiero ir trabajando en mi sueño de acompañar embarazadas, mamás puerperas y en la lactancia, y acompañar el duelo gestacional, necesito hacer este pequeño parón para sanar bien mis heridas. Si yo estoy bien, todo a mi alrededor estará bien.
Varias de mis compañeras de la Red Universal de Doulas me han ofrecido hacer Reiki. Y he contactado con una asociación de apoyo a personas en duelo.
Quiero emprender este camino y que sea de no retorno.
Y el primer paso ha sido admitir que si, que estoy jodida, mucho. Que la muerte de mi padre me ha trastocado. Y necesito sanarme. Necesito ayuda, porque sola no puedo.
Y me siento muy afortunada por tener a gente maravillosa en mi vida, que me apoya y me sostiene constantemente para que no decaiga. Pero era una tarea difícil porque yo no admitía lo mal que estoy en realidad.
Empiezo mi camino.
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